jueves, 21 de marzo de 2019

Tokio Blues (Norwegian Wood) de Haruki Murakami


Acabo de terminar de leer la que ha sido mi primera novela nipona.  Encuentro en ella una prosa suave, relajante e hipnótica, pero que a la vez trata con éxito temas muy sombríos como la muerte, el sexo, el amor, la soledad y la angustia. El humor, creado al principio del libro en gran parte a través del personaje Tropa-de-asalto, su compañero durante sus años de estudio, sirve para mostrar un contrapunto interesante.
Toru Watanabe, marcado por el suicidio de su único amigo Kizuki, inicia una relación con la novia de su amigo muerto, Naoko. Sin embargo, la profundidad y el dramatismo de sus sentimientos no impide que tenga otros muchos encuentros sexuales, con frecuencia vacíos, con otras chicas, con las cuales solo pasa el tiempo, influido en gran parte por su amigo Nagasawa, un vividor desenfrenado con el cual comparte la afición por la lectura de El gran Gatsby. La descripción de estas experiencias resulta a veces patética y repetitiva, si bien es quizá lo que el escritor pretendía. 
Además, cuando Naoko es ingresada en un extraño centro debido a sus problemas mentales y aparece una nueva mujer en su vida, la estudiante Midori, que deja a su novio por él,  Watanabe se ve envuelto en un dilema moral.
A ritmo de los Beatles, cuya evocadora música vuelve a escuchar el protagonista en un aeropuerto muchos años después, el lector es transportado al pasado a través de un flashback para ser testigo de la evolución de Watanabe, de una adolescencia tan placentera como dolorosa, del paso a la madurez.
Lejos de ser el autor sobrevalorado que proclaman algunos, Murakami me ha parecido un escritor con una buena prosa, diálogos apropiados y realistas, elegantes descripciones y sensibilidad especial.

sábado, 23 de febrero de 2019

"Crimen y Castigo" Fiódor Dostoievski


Mi acercamiento a un clásico como este me ha permitido descubrir el por qué de su fama. Como buen hijo del siglo XIX, Dostoievski demuestra el auge del análisis psicológico, dándonos el narrador acceso a los obsesivos pensamientos de Raskólnikov, un joven de San Petersburgo que decide cometer un doble asesinato y vivirá después una existencia atormentada. Es la época de William James y su torrente de conciencia, compuesto por una mezcla de sensaciones externas, recuerdos, preocupaciones, imágenes, proyecciones de futuro. El estudiante, que vive en la pobreza en San Petesburgo, y que ha perdido todo su dinero, así como su trabajo dando clases, se ve obligado a vender sus pocas posesiones a una usurera que se aprovecha de la situación de aquellos a quien hace préstamos, dedicando ese dinero a fines más injustos que ayudarlo a él. Raskólnikov se pregunta por el carácter excepcional de unos pocos elegidos, cuyo ejemplo más claro es Napoleón, y por cómo estos pueden saltarse la ley. Termina matando con un hacha no solo a la anciana, sino a su inocente hermana. Las pesadillas le perseguirán mientras busca una penitencia y una redención, que solo se completará cuando se haga externa, de cara a la sociedad.
Esta es también la época del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de la mente escindida, como indica el propio nombre del protagonista, que más o menos significa "división". Ya hace casi un siglo que la literatura del romanticismo se ha atrevido a hablar de los más bajos instintos, de la agresividad, de la moral individual y colectiva, de la búsqueda del sentido en la persona.
Aun no reconociéndonos de forma literal en el chico, cuya enajenación se nos muestra patente,  nos llega el mensaje principal: solo quien conoce el sufrimiento alcanza la felicidad. Algunos de los demás son personas serviciales, especialmente su amigo de la universidad y los personajes femeninos: Dunia, su hermana; Sonia, una joven que acompañará a Raskólnikov en sus peores momentos, mostrando una fuerza de carácter y amor a la familia a pesar de los contratiempos de la vida. Otros, como Svidrigailov, cuyo oscuro pasado incluye varios crímenes, muestran la avaricia de las clases altas. También el padre de su amiga Sonia es negativamente retratado como un borracho que hace pasar hambre a su familia. Luzhin, que intenta casarse con la hermana de Raskólnikov, sirve al autor para expresar su oposición al liberalismo y sus nuevas ideas, que tan mal recibidas fueron a veces en la época. En algunas ocasiones, explora el lado bueno de aquellos personajes malos, por marginal que sea este aspecto.
A pesar de algunas críticas al cristianismo por parte de Dostoievski, su posterior conversión hizo que la mente de sus personajes se volviese más profunda. La libertad, el dolor, los problemas sociales y la naturaleza del ser espiritual son exploradas magistralmente por el autor ruso. La emergencia de un nuevo humano, el superhombre que decía Nietzsche, es una tarea pendiente individual y colectivamente, que nos habla nuestra historia y hace que la obra tenga más vigencia que nunca.

viernes, 11 de enero de 2019

FELICITAS





FELICITAS

La luz artificial se apodera de la sala. El viejo reloj de pared da las seis de la tarde, protagoni- zando la escena.  Tres hombres ocupan sendas sillas en filas separadas, mientras se miran sin hablar. Al fondo, un sofá y una cómoda estilo Carlos IV.

Entran otro hombre  y  dos mujeres. El resto los saludan de forma unánime. Cada uno busca un asiento lo más separado posible del resto. Pronto la habitación estará llena y aparecerá la violinista,  que será recibida entre aplausos.

Su interpretación es sublime. Cada nota es un milagro con el que se deleitan los inventores, escritores, dibujantes, actores y científicos que pueblan el Ateneo, ocupando el espacio en el que moran quizá las almas de los genios que alguna vez se sentaron allí.
A la sonora ovación de despedida sigue una animada conversación acerca del talento interpre- tativo de la invitada, a la que cada vez se unen más asistentes hasta acabar generando una conversación sobre sus profesiones, el día a día, el sentido de sus vidas.

En un momento dado, el actor de doblaje indica que ha visto a una extraña mujer apoyada en una columna. Tenía una larga cabellera rubia, con trenzas, llevaba un largo vestido verde y en la mano tenía un cuerno cuyo agujero contenía monedas de oro. 

-“¿Por qué no lo dijo antes?”-pregunta uno de los médicos presentes.
 -“Pensé que se trataba de un disfraz. Además, no quería interrumpir el concierto”-responde el otro.

Se forma un escándalo que impide la comunicación, ya que hablan todos a la vez. Algunos, como una experta en física que se sentó en la primera fila y un viejo dibujante, afirman haberla visto también, mientras que otros afirman haber mirado por todas partes en los descansos entre las sinfonías, sin acceder a semejante visión.

La acalorada discusión continúa durante la hora siguiente, mientras las agujas del reloj van avanzando hasta indicar la hora de cierre.

jueves, 10 de enero de 2019

"Seres queridos" Vera Giaconi





Llega a mis manos esta colección de cuentos de una joven autora que hasta ahora desconocía. Los diez relatos que incluye abordan el tema de las fallas que dejan las relaciones personales y familiares.

"Survivor" narra la interacción entre dos hermanas, una de las cuales vigila desde Argentina la relación de otra con el concursante de un reality show en Estados Unidos. La mediación de la tecnología y las pantallas en nuestra realidad es retomada en"Tasador", donde un chico está viendo un programa donde se tasan baratijas, encontrando un valor económico oculto en los objetos, mientras observa lo vieja y cansada que está su madre, que duerme junto a él en el sofá.  En otros cuentos, Giaconi se basa en una idea triangular de las relaciones primarias: por ejemplo, dos hermanas van al funeral de otra, que era la única que había empezado a formar una vida aceptada socialmente, independizándose y casándose; dos niños juegan con la empleada del hogar mientras la madre no está, en una oscuridad literal y metafórica; una mujer ve de nuevo a sus amigos, una pareja que está intentando tener un hijo, sintiéndose desplazada y a la vez juzgando cada paso que dan; un padre y una hija adolescente intentan salir adelante.

Con una escritura que deja en suspenso muchos detalles, la autora consigue . La idea del espectador, del extraño invitado que en ocasiones somos todos, me recuerda a la obra "El extranjero" de Albert Camus.  La tensión entre los personajes, más frecuentemente encubierta que expresada directamente, queda patente en las situaciones, que pueden resultar algo inverosímiles, y en la mente de los personajes, cuyos pensamientos y sentimientos nos son selectivamente proporcionados sin excesos, a menudo para quedarnos, de manera focalizada, con el punto de vista de uno, no importa cuán sesgado o imparcial sea. Sí es cierto que, en ocasiones, consigue un gran nivel de empatía por parte del lector, como en el cuento de esa criada que se siente culpable de no haber detectado los intentos de suicidio de la señora, comparando su nueva relación con la que esta tendrá con el cachorro que se presta a regalarle.

Para resumir, esta escritora muestra un talento que se va abriendo paso entre las nuevas voces de la literatura contemporánea. En mi opinión, el libro va ganando en intensidad y calidad según se va avanzando en su lectura, con relatos donde las emociones ocultas se expresan, con frecuencia, mejor gracias a pequeños detalles del ambiente (el aspecto de un trozo de carne sobre un plato, el sonido de una puerta al cerrarse) que a un argumento explicado de principio a fin.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

"Ayer" de Agota Kristof

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A través de las referencias del libro que comenté en la entrada anterior, llegué a conocer a esta autora húngara, gracias a la cual amplío mi conocimiento de la literatura europea, que siempre ha estado casi limitado a España y los países anglosajones.

Forzada a los veintiún años a huir por la amenaza de la ocupación soviética, Agota vivió el resto de sus días en Suiza, donde escribió en francés con un sorprendente manejo de la que fue su segunda lengua. Con un tinte autobiográfico, demuestra la idea de que, sin importar si se es más o menos alegre en el día a día, la gran literatura la forman a menudo los temas que atormentan a los autores.

En Ayer está muy presente el tema del exilio, el desarraigo y la discriminación en un país cuyo nombre desconocemos. El protagonista, Tobías, que ha cambiado su nombre a Sandor, huye de un oscuro pasado para sumergirse en la rutina de un trabajo en una fábrica, que compagina con servicios de traducción para algunos de los compatriotas que viven en el mismo barrio. 

Obsesionado con el primer amor de la infancia, Lina, que es también en cierto modo una idealización, espera su llegada mientras pasa el tiempo acostándose con Yolanda, una mujer a quien en realidad no ama. De repente, Carolina aparece, casada y con una hija, sin conocer el pasado que ambos  tienen en común.Sandor cree que su madre, una prostituta en su país natal, y su padre, un campesino, están muertos, pero las cosas no siempre son lo que parecen. La anomia moral se enfrenta a los deseos más humanos, más nobles, los sueños y las ilusiones más difíciles de cumplir, que junto con la entrega al proyecto de vida más realista y más estabilizador pero a la vez más frustrante forman la cara y la cruz de la existencia. Incluso la idea del "extranjero" como algo no literal, una metáfora de la condición de todas las personas, me recuerda al libro del mismo nombre de Albert Camus.

Cuando una obra te encoge el corazón de la manera en que lo hace esta, cuando es capaz de crearte una sensación de frío interior e intranquilidad a la vez que da paso a la ternura sin caer en sentimentalismos baratos, y lo hace con frases cortas, una enorme capacidad poética y a la vez un estilo tan conciso, sabes que estás ante una auténtica obra maestra. Aun retratando una realidad muy dura y que no pasa desapercibida, recomiendo encarecidamente su lectura, ya que ahí es donde reside su grandeza.

martes, 4 de diciembre de 2018

"Cicatriz" de Sara Mesa


"Echar de menos un instante es echar de menos a aquel que éramos entonces."


Sonia, una joven becaria que vive con su madre y su hermano, cuidando de su abuela y sin dinero, conoce en un foro literario de internet a un chico que escribe con el nombre de Knut Hamsun.

Tras una reunión de los usuarios en Cárdenas, a la que el muchacho no ha asistido, él le empieza a escribir correos; lo que comienza como una manera de pasar el rato y debatir sobre literatura termina con envíos masivos de libros robados por parte de Knut, y más adelante de lencería y ropa que también sustrae de centros comerciales, en un intento desesperado de entrega a la mujer a la que parecer venerar y sobre la que intenta ejercer poder e influencia a partes iguales. 

El carácter estrafalario del chico, que no trabaja y pasa el tiempo leyendo, tratando de convencer a Sonia de que se dedique a escribir en lugar de llevar una vida convencional, compartiendo sus reflexiones sobre Dios, el sexo, la muerte y el trabajo y robando objetos que le envía por correo, desespera y atrae a la vez a Sonia, una mujer casada con un hombre con el que las cosas no van muy bien. Ella termina proponiéndole un encuentro en Cárdenas, donde vive él.

Mi primer contacto con la escritura de Sara Mesa ha sido a través de esta genial obra, un tortazo en la cara en lo que respecta a la construcción de personajes, tan cercanos al mundo que conocemos de carencias afectivas, obsesiones, actos fallidos y deseos subconscientes, consumismo e incoherencias, lo que nos hace reconocerlos como nuestros a la vez que su carácter impide la simpatía y aprobación moral fácil, la identificación completa con ellos.

Con una escritura de trazos gruesos, con breves y solo ocasionales alusiones a autores como Proust, Dostoievski y algunos otros de varias nacionalidades, sin desgranar lo que decían ni resultar pedante,  y con una narración fácil de seguir pero con saltos hacia adelante y atrás en el tiempo, Mesa consigue atrapar al lector e introducirlo en un ambiente claustrofóbico en el que la tensión va en aumento.

La curiosidad, el amor, la ternura y el odio son, en ocasiones, primos hermanos. Pero, como dice Knut, citando a Tolstoi, “cuando quieras vengarte de alguien, piensa que un día fue un niño, y que un día habrá de morir”.

domingo, 11 de noviembre de 2018

"Alguien se acerca" Benjamín Prado


Tuve la suerte de conocer en persona a Benjamín Prado en Córdoba más o menos en 2012, cuando editó un poema mío en una antología  llamada Anónimos para Cosmopoética. Había leído su poesía en libros como Iceberg y Ecuador, libros en los que demuestra el poder de la palabra para hablar de los enigmas de la vida, el amor y la muerte; en el primer volumen mencionado hace una curiosa elegía a cien poetas tristemente fallecidos. Muy dado a las comparaciones, las preguntas retóricas, los acertijos, paradojas y juegos de ingenio, repite estas técnicas en la primera obra en prosa suya que he tenido ocasión de leer, Alguien se acerca.

Huyendo de un atentado en el bar Plaza Roja, Unai, auxiliar administrativo cuya vida resulta de lo más aburrida, se marcha hacia La Coruña donde encuentra trabajo en un hotel apartado y adopta el nombre de Andrés Hurtado, el protagonista de El árbol de la ciencia de Pío Baroja; pronto se da cuenta de que de alguna parte de su ser, bañada por este personaje y por los de las películas de los años cincuenta que ha visto, con actores como Gary Grant o Humphrey Bogart, le nace un impulso asesino por el que desea matar al dueño, Fran Lowell, un misterioso ex boxeador sobre cuyo oscuro pasado comienza a tener sospechas. La mujer con la que está casado su jefe, Sara, le producirá una gran atracción, y las preguntas y enigmas que se plantean mutuamente le servirán para construir y deconstruir su identidad. Sin embargo, el pasado está ahí empañando aquel incierto lugar hacia donde uno ha de dirigir sus pasos.

La tensión narrativa se mantiene alta en una de esas novelas que no ahonda en detalles innecesarios, lo que hizo que la terminara en tres días en unos cuantos trayectos de tren; en un juego postmodernista, el autor aparece dentro de la narración cuando los personajes hablan de él, el yo se muestra como algo cambiante: uno puede ser Gary Grant si toma su actitud,  intenta hablar como él y adapta su talante a las situaciones de su vida; el lector se convierte en autor poniendo los pequeños trozos que no se explican; los libros de Conrad, Baroja y Hemingway, entre otros, iluminan la narración y los pensamientos del personaje principal. La persona es la creadora de su propio modelo de sentido individual y la metáfora de la escritura como travesía vital aparece en primer plano.

En definitiva, recomiendo este libro porque, con un lenguaje y argumento sencillos y una técnica muy depurada, consigue enganchar  y no ser uno de esos que el lector termina dejando apartados en un rincón. Seguramente continuaré leyendo a este autor en Mala gente que camina, sobre los niños republicanos robados, y en Operación Gladio, donde mezclando realidad y ficción aborda temas espinosos de la transición española.